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¿Sabías que la lectura tiene unos elementos esenciales?

  • janetparradomingue
  • 14 dic 2025
  • 5 Min. de lectura


Seguramente, al leer el título, de manera automática, has pensado en la comprensión. Aunque no es un error, no es el único elemento ni el primero. Así que, si alguno de los que lee este artículo es papá o mamá, debe prestar mucha atención para empezar a pedir al profesor de su hijo que le ofrezca no sólo textos para desarrollar ejercicios de comprensión sino también otros recursos con los que ayude al niño a ampliar su vocabulario, por ejemplo. Incluso en casa los papás podrían estimularlo adecuadamente.


Entonces, si vamos por partes, debemos empezar diciendo que la lectura tiene unos elementos esenciales.


En primer lugar, tenemos el vocabulario. Un componente fundamental en el desarrollo de la comprensión oral y lectora. ¿Y qué importancia tiene el vocabulario? Un niño que lee debe conocer al menos el 95% de las palabras que contiene el texto (Hu y Nation, 2000 citado en Jiménez, 2019). Un niño aprende vocabulario en casa de manera casual. El vocabulario académico, como su nombre lo dice, lo aprende en la escuela y es sumamente importante para el desarrollo de la comprensión de los diversos textos que lee.


¿Qué queda?

Elegir el vocabulario adecuado. No solo se trata de llevar cantidad de palabras a la clase, se trata de elegirlas en función de las actividades que se van a realizar (Sweeny y Mason, 2011). Y así llegamos al siguiente esquema propuesto por Beck y Mckeown (1985):


Nivel 3 (técnico). Palabras de baja frecuencia de dominio especializado. Ejemplo: sodio, asteroide, mastodonte, transducción...


Nivel 2 (académico). Palabras que aparecen con frecuencia en el lenguaje, que son centrales para la comprensión y que son conocidas para la mayoría de los adultos. Ejemplo: susurrar, incredulidad, cancelar, posponer, magnífico, atroz...


Nivel 1 (básico). Palabras básicas que la mayoría de los alumnos aprenden de forma incidental. Ejemplo: comida, madre, caminar, hablar, correr, manzana...


No es difícil darse cuenta de que las palabras del nivel 1 no necesitan mayor instrucción, a no ser que se trate de niños extranjeros o que tengan dificultades de lenguaje. Las del nivel 2, en cambio, sí deben ser abordadas de manera explícita, pero sería mejor que se hiciera en situaciones cotidianas dentro del aula. Las del nivel 3 se deben enseñar cuando aparecen en el texto porque será necesario comprenderlo.

Al identificar el nivel de vocabulario de un lector, se pueden seleccionar los materiales y actividades más adecuadas, así como diseñar estrategias que enriquezcan su vocabulario. Como se puede constatar, un vocabulario amplio y preciso es fundamental para comprender textos complejos y extraer el máximo provecho de la lectura. En otro texto abordaremos algunas estrategias para desarrollar el vocabulario.


Un segundo elemento importante es la conciencia fonológica, conocida como una habilidad metalingüística que permite detectar, manipular y analizar los aspectos auditivos del lenguaje hablado (Defior, 2016). Gutiérrez y Jiménez (2019) llaman la atención sobre una certeza que conviene recordar. El lenguaje oral puede ser dividido en muchos segmentos que permiten relacionar el lenguaje oral con el lenguaje escrito.


La conciencia fonológica tiene varios niveles. El primero corresponde a la conciencia fonémica la cual es importante porque se necesita identificar los sonidos individuales del habla para poder unirlos con los grafemas que los representan. Los estudiosos (Defior, 2004 y Carrillo, 1994 citados en Jiménez, 2019) dicen que es la conciencia fonémica el mejor predictor de la habilidad lectora y de la escritura. Además, se puede entrenar. Contando con toda la evidencia científica, convendría que la conciencia fonémica se entrene desde antes de que el niño empiece el aprendizaje formal (antes de los 7 años). ¿Y en qué consiste esa instrucción en conciencia fonémica? Consiste en enseñar a los alumnos a detectar y manipular los fonemas sin tener las letras que los representan.


Otro de los componentes de la lectura es el conocimiento alfabético. ¿Qué involucra? El conocimiento del nombre de las letras y el aprendizaje de las correspondencias grafema - fonema (RCGF). Son muchas las investigaciones que han demostrado que este es un excelente predictor del aprendizaje de la lectura (Bravo, Villalón y Orellana, 2006; Vellutino y Scanlon, 2002 citado en Jiménez, 2019). Hoy sabemos que el conocimiento del sonido de las letras está relacionado con el procesamiento fonológico y el conocimiento del nombre de las letras se relaciona con la ortografía en la escritura (Ferroni y Diuk, 2010 citado en Jiménez, 2019).


La fluidez, otro elemento de la lectura, se refiere a la habilidad de leer a un ritmo adecuado, de manera precisa, con expresividad y prosodia. Si se lee de esta forma, la atención va a ir dirigida a la comprensión de lo que se lee. Por el contrario, si no se cuenta con la habilidad, al niño se le hará muy difícil comprender, pues, está más concentrado en lograr leer con precisión y dar la expresividad y la prosodia a aquello que lee (Gutierrez y Jiménez, 2019), en lugar de concentrarse en el contenido de lo que va leyendo.


Finalmente, la comprensión. El último componente de la lectura se define como la habilidad para interpretar la información de un texto, y de na manera más amplia, como la habilidad que permite a los alumnos acceder a dominios específicos de conocimiento y proporcionar un medio para llevar a cabo metas tanto intelectuales como afectivas. Incluye habilidades como: inferencia e integración, conocimiento y uso de las estructuras del texto, supervisión metacognitiva, vocabulario, lectura de palabras y capacidad general verbal.


Defior (2016) afirma que la comprensión es un proceso complejo que implica no solo la decodificación de las palabras, sino también la construcción de significado a partir del texto. Esto significa que, para comprender un texto, el lector debe relacionar la información del texto con lo que ya sabe sobre el tema. A esto se le llama  activar conocimientos previos. Igualmente, debe inferir información implícita; es decir, completar los espacios en blanco del texto a partir de pistas y suposiciones. Pero, a la vez, debe evaluar constantemente si está entendiendo lo que lee y realizar ajustes si es necesario. Con todos estos pasos, finalmente, construye una representación mental del texto.


Defior ha enfatizado, especialmente, la importancia de las estrategias metacognitivas en la comprensión lectora. Y, sobre estas estrategias es necesario conocer lo que afirman Ripoll y Aguado (2015). Para estos autores, la supervisión, valoración y regulación de la propia comprensión son habilidades muy importantes para un lector competente. Pero también lo son los conocimientos sobre la lectura y los aspectos afectivos y motivacionales. En otras palabras, por un lado, son importantes las estrategias de lectura, pero también lo son los conocimientos sobre las dificultades de la comprensión y las estrategias para solucionarlas. Por otro lado, no basta con estas habilidades intelectuales avanzadas si es que no se tiene un motivo para aplicarlas. Con lo cual, también es necesario que el profesor muestre una actitud adecuada hacia la lectura.


En este punto, cabe destacar una reflexión hecha por estos mismos investigadores (que además son profesores). Estas habilidades metacognitivas no son adecuadas para todos, por lo que es necesario que vayan acompañadas por otros aspectos de la comprensión. Hay chicos que se pierden en la reflexión porque tienen otro tipo de dificultades y, por lo tanto, necesitan de mucha ayuda. Habrá otros, en cambio, a los que les faltará mucho vocabulario, entonces hará falta que se les instruya en el conocimiento de nuevas palabras y, tal vez, eso haga esperar un poco más hasta llegar al desarrollo de estas estrategias metacognitivas.


Hasta la próxima.





 
 
 

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